Mitos sobre obesidad ¿es cierto todo lo que nos cuentan?

mitos sobre obesidad ¿es cierto lo que nos cuentan?

Mitos sobre obesidad: son ideas que tomamos como ciertas sobre la pérdida de peso, aunque existan evidencias suficientes que las desmientan.

En nuestra actividad diaria en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad nos encontramos con ideas que han sido científicamente superadas, y que sin embargo, persisten. Muchas veces esto se debe a que gran número de personas, medios de comunicación e incluso autoridades sanitarias con prestigio y teóricamente competentes que las siguen divulgando sin haber hecho el debido análisis crítico previo.
Estos mitos se sostienen precisamente gracias al prestigio que les proporciona su popularidad. ¿Quién no ha oído alguna vez que algo es cierto porque «lo leyó en el periódico» o «lo dijo tal o cual personaje público»?
En esta ocasión os vamos a invitar a reconocer y reflexionar sobre varios mitos o creencias sobre obesidad, siguiendo un estudio publicado en The New England Journal of Medicine.
Veamos algunos de estos mitos sobre obesidad:

Mito 1: Pequeños cambios continuados en la ingesta de energía o en el gasto calórico (actividad física) producirán cambios grandes y a largo plazo.

Este mito se ha perpetuado gracias a los consejos de los sistemas nacionales de salud y se da a conocer universalmente gracias a los medios de comunicación, internet, etc…, sin que exista una demostración científica que lo corrobore.
Sin embargo lo que sí es cierto es que cuando se mantienen los hábitos que conducen a la pérdida de peso se logra mantener pesos más bajos, ya que la obesidad es una enfermedad crónica que requiere un tratamiento continuado para lograr el peso saludable y mantenerlo a largo plazo.

Mito 2: se deben establecer metas realistas en el tratamiento de la obesidad pues los pacientes se frustrarían y perderían menos peso si se plantea un objetivo ideal.

Se asume que una meta inalcanzable o ideal reduce el comportamiento necesario para lograrla, es decir, la adherencia al tratamiento.
Aunque es una hipótesis razonable, los datos empíricos indican que no hay una asociación negativa entre tener un objetivo ambicioso y completar el programa de pérdida de peso o llegar al peso deseado. Por el contrario, varios estudios han demostrado justamente lo contrario. Además, dos estudios mostraron que las intervenciones diseñadas para mejorar los resultados de pérdida de peso mediante la alteración de unos objetivos poco realistas tuvieron como consecuencia expectativas de pérdida de peso más realistas pero no mejoraron los resultados.

Mito 3: Pérdidas de peso grandes y rápidas se asocian a resultados poco duraderos a largo plazo, en comparación con pérdidas de peso lentas y graduales.

Esta idea probablemente emerge como reacción a los efectos negativos de dietas muy bajas en calorías nutricionalmente insuficientes pautadas en los años 60 del s.XX. Se ha convertido en un axioma repetido en libros de texto, consultas dietéticas y recomendaciones de las autoridades sanitarias hasta hoy día.
Está científicamente demostrado que el Método PnK de PronoKal permite conseguir una pérdida de peso rápida y motivadora, que es beneficiosa, pese a la creencia popular, ya que redunda en una mayor efectividad a corto y largo plazo gracias a la mayor adhesión del paciente al tratamiento. No solo se consigue una pérdida de peso rápida y de calidad (más del 90% del peso perdido es grasa), sino que logra resolver la inflamación de baja intensidad en el tejido adiposo -lipoinflamación-, causante a nivel celular de parte de la recuperación del peso.
Además, el Método PnK permite reeducar al paciente para que identifique lo que le conviene comer, incluyendo cantidades y frecuencia.

Mito 4: Identificar momento de cambio o de «estar dispuesto a hacer dieta» es importante para ayudar a pacientes que demandan un tratamiento de pérdida de peso.

Muchos creen que los pacientes que sienten que «es su momento» para perder peso tienen más probabilidades de hacer los cambios de estilo de vida que eso supone.
Las ganas de reducir el peso no predicen la cantidad de peso perdido o la continuidad del tratamiento tanto dietético-conductual como de cirugía bariátrica. Se han evaluado las etapas del cambio en pacientes con sobrepeso con una pérdida media de menos de 1 kg, sin aportar evidencia concluyente de mantenimiento en la pérdida.  La explicación puede ser simple: los pacientes que voluntariamente deciden ponerse a dieta están, por definición, por lo menos mínimamente dispuestos a seguir las pautas requeridas para perder el peso.

Mito 5: Las clases de educación física en los colegios tal y como están diseñadas hoy día juegan un papel importante en la prevención de la obesidad infantil.

Según los estudios realizados en diversos centros educativos, los programas escolares de educación física no arrojaban una mejoría en los datos de sobrepeso u obesidad juvenil.
Aunque los programas de actividad física exclusivamente escolares o fuera del hogar sean políticamente convenientes, los planteamientos que involucran a toda la familia y se desarrollan en el entorno del hogar tienen mayores probabilidades de éxito en el control del peso infanto-juvenil.
Además, está demostrado que la actividad física de suficiente duración, frecuencia e intensidad produce beneficios en la reducción de grasa corporal, y que el ejercicio ofrece una vía para mitigar los efectos dañinos de la obesidad, especialmente en los niños, incluso en el caso de no producirse pérdida de peso.

Mito 6: La lactancia materna protege contra la obesidad.

Se cree desde hace más de un siglo que los bebés alimentados al pecho tienen menos probabilidades de ser obesos de adultos, pero no existe evidencia científica que lo demuestre. Es probable que se produzca una correlación cuando los hábitos familiares son más saludables, incluyendo la lactancia materna.
Aunque los estudios indican que la lactancia materna no tiene un gran efecto protector contra la obesidad infantil, es cierto que proporciona otros beneficios muy importantes tanto para el niño como para la madre, y por tanto es muy recomendable.

Mito 7: La actividad sexual puede quemar entre 100 y 300 kcal por cada persona participante en ella.

Este mito sobre obesidad se repite popularmente y está presente en muchas fuentes.
Sin embargo, el gasto calórico durante la actividad sexual se ha calculado y resulta ser similar al de caminar a una velocidad moderada de unos 4 km/h. Si consideramos que un encuentro sexual dura de media unos 6 minutos, un hombre de unos 30 años y 70 kg gastaría unas 21 kcal. Por supuesto, hubiera gastado aproximadamente la tercera parte viendo la televisión durante ese tiempo, por lo que el incremento beneficioso de esa actividad sexual se puede situar en unas ¡14 kcal!
Los mitos relacionados con la obesidad que os mostramos son solamente una muestra de las numerosas ideas sin fundamento científico que muchas personas, incluyendo a científicos, legisladores y periodistas, llegan a dar por ciertas. Sin embargo, existen hechos de los que podemos estar razonablemente seguros, y que nos pueden ser muy útiles hoy día a la hora de combatir la obesidad y el sobrepeso.
Aunque está justificado elaborar hipótesis para avanzar en el conocimiento científico útil en el campo de la obesidad, es deseable que la comunidad científica comparta con el público en general el estado de la información, abierta y honestamente, dejando claro si se trata de hipótesis de trabajo que aún no han sido comprobadas, o de teorías desmentidas o confirmadas por la ciencia más rigurosa.
Es primordial construir hábitos saludables también en el área de la actividad física y psicológica. Cuando el paciente ya ha perdido el peso y entra en la etapa de mantenimiento es más patente la necesidad de estos hábitos saludables para que el paciente consiga afianzar los resultados y mejorar su estilo de vida permanentemente.

Deja una respuesta