Cuando empieza el buen tiempo nos gusta emplear ropa más ligera, exponemos más piel, y además, salimos más al aire libre. De ahí el deseo, a veces desmedido, de mostrar una piel bronceada, reflejo del tiempo de ocio.
Sin embargo, todos somos conscientes hoy día de los riesgos de exponerse al sol sin la adecuada protección, y a menudo nos preguntamos si lo estamos haciendo bien.
En principio, parece bastante sencillo: las personas de piel, pelo y ojos claros, pecosas, con ciertos tratamientos farmacológicos o con alguna alergia solar no deben exponerse directamente al sol. Dadas las enormes dificultades que eso supone en la práctica, los expertos recomiendan permanecer en zonas sombreadas y usar ropa, -mejor oscura-, sombreros de ala o viseras, gafas y cremas de FPS 50+.
En la medida que la persona tiene más melanina en piel, pelo y ojos, su capacidad para protegerse naturalmente del sol mejora. Esto no quiere decir que puedan tomar el sol sin medida, solamente que podrán exponerse más tiempo sin que aparezcan los síntomas de la temida quemadura. También deberán emplear cremas con FPS y, dependiendo del tiempo y de las actividades que practiquen al aire libre (náutica, montañismo, etc.) protegerse con ropa, sombrero y gafas adecuados.
Con respecto a las cremas, es importante resaltar que no existe ninguna que pueda proteger al 100%. La ley de la UE permite reflejar en el envase FPS50+, que supone una protección muy alta (no existe la pantalla total). No tienen efectividad hasta pasados unos 20 minutos y que hay que volver a aplicarlas cada 2-3 horas, tras el baño o la práctica deportiva, debido al sudor.
En resumen, para pasar un verano fotosaludable, hemos de protegernos y así evitar las enfermedades producidas por la radiación solar, la flacidez y las manchas.
