Son muchas las razones por las que podemos llevar pelucas: no solo para disimular la caída del cabello a causa de una enfermedad o un tratamiento médico, sino con fines meramente estéticos, para cambiar de peinado con motivo de una fiesta o para una ocasión en que nos apetece cambiar de estilo. Desde hace algunos años en materia de pelucas todo es posible: colores, materiales, tallas, formas… Solo hay que saber elegirlas bien.
¿Pelucas de cabello natural o sintético?
Las primeras son más versátiles, es decir, durante el tiempo que la llevemos (duran muchos años si se cuidan) podremos alisarla, rizarla, teñirla e incluso cortarla. El único inconveniente es que la pieza es más cara e implica un mantenimiento mayor. Hay que dedicarle un tiempo tras el lavado para desenredarla, secarla y peinarla devolviéndole su forma, como hacemos con el cabello propio.

En cuanto a las sintéticas, ya no tienen nada que ver con las pelucas de antaño. Son ligeras y de fácil mantenimiento y casi no se diferencian en aspecto de las pelucas naturales. Son de menor precio, si bien su principal inconveniente es que una vez elegido modelo, color y corte, no se pueden modificar, pues no se pueden teñir ni colorear en el año aproximadamente que duran en óptimas condiciones.
Elegir pelucas según las facciones del rostro
No todas las pelucas quedan bien en todos los rostros. Es muy importante dejarse asesorar por un especialista en peluquería y posticería, que nos recomendará qué tipo de color y corte sienta bien a la forma de nuestra cara y al tono de nuestra piel.

El cuidado de las pelucas
Éste no será el mismo para las sintéticas que para las de cabello natural. Nos deberán proporcionar instrucciones para el cuidado de las piezas dependiendo de sus características, y deberíamos comprar productos específicos para limpiar la peluca, junto con un maniquí para dejarla secar o guardarla tras su uso a fin de que no pierda su forma original.